martes, 27 de mayo de 2014


¿Que aprendí en el Módulo 1?


Soy, aunque ahora puedo decir “era”, del grupo de personas para los cuales evaluación y examen significa lo mismo. El texto de Brown me resultó esclarecedor en ese aspecto, sobre todo en el pasaje donde dice “El reto educativo no consiste en evaluar las respuestas de los alumnos ante determinados estímulos sino su aprendizaje…” Y de ahí la gran pregunta ¿Cómo hacer para explotar mejor la instancia evaluativa? ¿es posible conciliar la necesidad acreditar conocimiento con evaluar y al mismo tiempo favorecer procesos de aprendizaje?
Leyendo a Barbera se corrió una cortina que estaba tapando el 75% del campo de la evaluación. Resulta que la evaluación puede tener (al menos) cuatro dimensiones:
-          Evaluación del aprendizaje
-          Evaluación para el aprendizaje
-          Evaluación como aprendizaje
-          Evaluación desde el aprendizaje
Esta reflexión me parece muy valiosa: “Estas cuatro dimensiones entrelazadas en la práctica
evaluativa quizá no aseguran un aprendizaje sin errores pero facilitan sobremanera el cambio educativo en los contextos formales de enseñanza y aprendizaje”
Las TICS abren nuevas posibilidades para aprovechar mejor la evaluación pero hay que ser conscientes que no son (o al menos no deben ser) herramientas nuevas para hacer lo mismo que siempre en un formato más cómodo o atractivo. En ese sentido, me encanta la reflexión de Ehrman y su homología entre el ordenador y el lápiz.
Hay que pensar nuevos usos, aprovechar los datos que podemos obtener referidos al camino de construcción de conocimiento de cada uno de nuestros estudiantes. Esto, con las TICs, es más posible que sin ellas.
De Lipsman tome los enfoques que plantea para la evaluación aprovechando las nuevas tecnologías, sobre todo el tercero, que refiere a utilizar la evaluación de los aprendizajes de los estudiantes como fuente para diseñar la clase. Este enfoque me resulta atractivo porque lo veo factible de aplicar en mi práctica docente cotidiana. Si bien exige un trabajo más exhaustivo sobre la marcha (y por ello es un desafío interesante y demandante) creo que explota la posibilidad de trabajar sobre conflictos cognitivos de una manera dinámica.

Por último, empecé a ver con más cariño aquello referido a la evaluación pública y a la posibilidad de dar al estudiante un rol más rico en la instancia evaluativa, alejándonos de los roles de “el que pregunta y tiene la verdad absoluta” y “el que responde y pasa o no pasa”. 
Con interés miro (y disfruto) Los ocho escalones y juego al Preguntados. Renglón a renglón en el módulo 1 entiendo claramente que la instancia evaluativa en educación superior no puede ser la versión real de los ocho escalones. Si es así, como docentes, estamos dilapidando posibilidades de mejorar los aprendizajes en los que nos toca formar parte.

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